Rich ‘do too little to slow temperature rise’
No commentsLos compromisos presentados por los países desarrollados hasta el 31 de enero de este año podrían representar, hasta el 2020, una reducción de emisión de gases entre el 12 y el 19 por ciento por debajo de los niveles de 1990, pero los científicos recomiendan que sea de entre el 25 y el 40 por ciento. La 15 Conferencia de las Partes sobre Cambio Climático (COP15) descubrió que el Planeta carece de liderazgo ambiental.
Después de los pobres resultados que dejó la cumbre del clima en Copenhague (Dinamarca), empezaron a llegar a la Convención de Cambio Climático de Naciones Unidas (UNFCCC) los compromisos de reducción de emisiones de los distintos países. Al 31 de enero, la fecha propuesta por Ybo de Boer, secretario de Naciones Unidas para el Cambio Climático, para recibir los distintos propósito nacionales, los resultados siguen siendo escasos.
Uno de los principales logros que se suponía había resultado de Copenhague, era el consenso de que el aumento en la temperatura no podía pasar de los 2 grados centígrados. Sin embargo, tal y como están las cosas esa meta no se va a cumplir.
Según un análisis del World Resources Institute, reunidas las propuestas presentadas por los países desarrollados al 31 de enero, las emisiones se reducirán entre 12 y 19 por ciento, teniendo en cuenta los niveles de 1990. Las recomendaciones de los científicos indican que deben ser entre el 25 y el 40 por ciento.
Eso quiere decir que con las propuestas presentadas hasta el día de hoy, la temperatura seguirá aumentando por encima de los 3 grados centígrados, lo que implicará graves consecuencias para el planeta.
Este resultado se suma a la decepción mundial que se sintió tras la cumbre en Copenhague. Y no era para menos, cuando lo mínimo que se esperaba de la 15 Conferencia de las Partes sobre Cambio Climático de las Naciones Unidas (COP15), era la firma unánime de un primer acuerdo político, con compromisos iniciales de reducción de emisiones. Pero nisiquiera esto no se dio, porque no todos los países firmaron el documento final.
Con una meta de aumento máximo en la temperatura de dos grados centígrados (los representantes de algunas islas y los países africanos pedían que el límite se pusiera en 1,5 grados), la ausencia de fondos concretos para adaptación a largo plazo y la falta de compromisos reales en mitigación, varios países se negaron a firmar. Entre ellos, los representantes del Alba (Venezuela, Dominica, Cuba, Nicaragua, Bolivia y Ecuador), Sudán e islas como Tuvalu, esta última en inminente riesgo de desaparecer por el aumento en los niveles del mar.
¿Acaso habría que culparlos entonces de la falta de un acuerdo? No. Aunque representantes norteamericanos han intentado culparlos (principalmente al Alba) del fracaso, no es ahí a donde deben apuntar los dedos, sino a Estados Unidos y a China, principalmente.
Mucho se habló de esta cumbre que movilizó a millones de personas en todo el mundo y reunió a más de 1.500 periodistas en la capital danesa. Mucho se habló también de la presencia del presidente Barack Obama en las negociaciones. Pero fue más el ruido de los helicópteros y sirenas a su llegada a Copenhague el viernes 18 de diciembre, que el eco de sus palabras para que se lograra un pacto legalmente vinculante.
A las necesidades del planeta les ganaron los intereses económicos de Estados Unidos que no quiso comprometerse con una reducción de emisiones mayor del 4 por ciento por debajo de los niveles emitidos en 1990, cuando lo recomendado por los científicos es del 50 por ciento.
Además, el presidente Barack Obama, sobre cuyos hombros se pusieron las esperanzas del mundo, no pudo ofrecer nada más que 3.600 millones de dólares para financiar la adaptación y la mitigación de los países en desarrollo hasta el 2012. Para un fondo inicial de 30.000 millones de dólares que se acordó para el periodo 2010-2012, la Unión Europea aportará 10.600 millones de dólares y Japón 11.000 millones.
Cabe resaltar que hoy, a dos meses de la cumbre, no se sabe exactamente de dónde sacará cada país el monto prometido para alcanzar los 30.000 millones, cuándo los dará ni a dónde se destinarán. El futuro de este primer fondo de ayudas está incierto.
¿Y después del 2012? La incertidumbre es aún mayor. Solo se dejó establecido que se necesitan para adaptación y mitigación 100.000 millones de dólares por año para el 2020. Pero no hubo claridad acerca de quiénes aportarán para ello.
Barack Obama, en el afán por no salir de Copenhague con las manos vacías, negoció a puerta cerrada un convenio con los líderes de China, Brasil, India y Sudáfrica. Pasadas las 8:00 p.m. del viernes anunció ante un pequeño grupo de periodistas estadounidenses (no dio declaraciones a la prensa internacional) los resultados que obtuvo con estas fichas claves de la negociación, tomó su avión y salió de Dinamarca. Pocos minutos después, el presidente de Colombia, Álvaro Uribe, anunció que el país se unía a estas firmas, pese a que no había quedado satisfecho con el resultado, pues no se impusieron sanciones. El presidente Uribe de inmediato tomó su avión y se fue.
Pero hasta ese momento eran muchos los representantes de los países que ni siquiera habían visto el documento final. Por eso las negociaciones continuaron hasta casi las 5:00 p.m. del día siguiente, en medio de un ambiente de indignación por una cumbre a la que le faltó transparencia desde el comienzo.
China, por su parte, defendió hasta el final su frase bandera: “Nuestro espacio atmosférico ha sido tomado y lo queremos de vuelta”. Se refería a que los países industrializados han contaminado por años sin ningún control y ahora que países como el suyo se están desarrollando, quieren imponerles límites.
Pero así como otros utilizaron la tecnología que más les pareció conveniente, China exigía su derecho de hacer lo mismo, pues este país defendía tener igual derecho de utilizar el espacio atmosférico que otros ya utilizaron contaminándolo.
El asunto central del argumento chino era que las tecnologías limpias son más costosas y el gigante asiático depende de la energía producida con carbón, un gran contaminante. Por eso, hasta el final se negó a establecer metas de reducción de emisiones y a permitir que se impusieran mecanismos de verificación a sus esfuerzos por limitarlas.
Y aunque el mandatario chino Wen Jiabao, se comprometió al final de la COP15 a trabajar en la reducción gases, la falta de metas claras y de mecanismos de verificación, dejan en evidencia que ese discurso final no fue más que eso y que su país le dio prioridad a los negocios y no al planeta.
Sin embargo, un estudio reciente del Instituto Breakthrough indica que Asia, principalmente China, sobrepasa a Estados Unidos en la financiación de tecnologías limpias. Un artículo de Time Magazine asegura que mientras China destinó 34 por ciento de los recursos de estímulo para superar la recesión a tecnologías verdes, Estados Unidos solo dedicó el 12 por ciento.
Un texto sin compromisos
El texto aprobado por la mayoría (los opositores mantuvieron su posición hasta el final) dejó la puerta abierta a un objetivo a largo plazo de un aumento máximo de 2 grados en la temperatura mundial, que empezaría a adoptarse luego de 2016, cuando se revise el acuerdo. Se adoptó un recorte de 80 por ciento de emisiones para 2050. Los países industrializados que hacen parte del Protocolo de Kioto discutirán luego las medidas para concretar dichas reducciones.
A diferencia del protocolo de Kioto que no establecía responsabilidades a los países en desarrollo, el nuevo trato les da responsabilidades sobre la reducción de emisiones, pero el porcentaje quedó por concretar.
Al no haberse logrado la unanimidad, el documento no se registrará dentro del Convenio Marco de las Naciones Unidas. Es solo un acuerdo político de mayorías abierto para quien quiera firmarlo.
¿Y qué pasó con la urgencia de reducir las emisiones de gases y de ayudar a los países pobres a enfrentar el cambio climático? Eso habría que preguntárselo a los líderes que no aportaron lo suficiente en Copenhague para salvar al planeta.
El papel de Colombia
En medio de unas negociaciones paralizadas durante casi toda la cumbre, debido a las quejas por la falta de transparencia y a la negativa de los países ricos de negociar sobre lo pactado en Kioto, la delegación colombiana intentó defender, entre otras cosas, su posición sobre los mecanismos de pago por protección de los bosques.
Colombia propuso que se le permitiera a los países decidir el sistema más conveniente para cada uno: metas nacionales de no deforestación o subnacionales (por pequeños proyectos) y que hubiera flexibilidad en los mecanismos de financiación para que quien quisiera pudiera ingresar al mercado de carbono. Esta última propuesta quedó incluida en el documento final, aunque el tema de bosques no quedó del todo estructurado.
Por la posición de los subnacionales, Greenpeace y otras ONG acusaron a Colombia de obstaculizar el éxito de las negociaciones, pues consideraron que así no se garantizaba la reducción de la deforestación. Este tema se definirá en próximas reuniones.
Por otro lado, Colombia intentó promover el hecho de ser un país con energías limpias, con la intención de recibir más dinero por ello. “La convención está montada sobre incentivos perversos y el que más emite recibe más recursos”, explicó Andrea Albán, miembro del equipo negociador de Colombia.
Los países reciben muchos recursos para hacer mitigación si son grandes emisores, pero no si la nación no presenta una gran amenaza. Pero, “tener una matriz energética limpia cuesta mucha plata”, indicó la negociadora. “Colombia está haciendo mucho esfuerzo con eso, pero Brasil, por ejemplo, que es un gran contaminante, recibe millones más en recursos para mitigación, señaló.
Colombia sólo genera 0,3 por ciento de las emisiones mundiales y funciona en un 70 por ciento con hidroeléctricas, consideradas limpias frente a las termoeléctricas.
Otra de las banderas de Colombia fue abogar por su vulnerabilidad, con el fin de recibir más recursos para la adaptación. El equipo colombiano insistió en que no se puede determinar la vulnerabilidad dándole prioridad solo a los niveles de pobreza, pues el país es vulnerable también por el aumento en el nivel del mar que afectará sus zonas costeras y por la acidificación de los océanos, que está ya afectando la pesca.
Por otro lado, los nevados que se derriten y los páramos amenazados por el calor y por el ascenso de los cultivos producto del calentamiento, también hacen de Colombia un país vulnerable, pues el 80 por ciento del agua que se consume viene de las montañas. En próximas negociaciones se verá el eco que tuvieron estos llamados.
Lunares negros de la participación colombiana
Las negociaciones fueron difíciles como nunca antes, reconoció el ministro de Medio Ambiente, Carlos Costa. Sin embargo, el equipo de negociadores de Colombia trabajó largas jornadas, defendió sus propuestas y ganó adeptos (Filipinas, por ejemplo, se sumó a la iniciativa de subnacionales en bosques), pese a los ataques que recibió de distintas organizaciones. Pero fueron una lástima las oportunidades perdidas por el país tanto en el evento alterno de Colombia como en el Forest Day (Día del Bosque).
En el evento alterno que pretendía mostrar algunos proyectos limpios del país, como Transmilenio, y las iniciativas de sostenibilidad de Fedepalma y Procuenca, participaron funcionarios con un escaso nivel de inglés, que hicieron inentendibles las presentaciones.
Por otro lado, durante el Forest Day, mientras una de las negociadoras hablaba de la importancia de combatir el narcotráfico para reducir la deforestación, en el stand de Colombia dos funcionarios de cancillería, poco interesados en dar información al público y sin conocimiento de los horarios y lugar de la charla colombiana, eran la cara del país en un evento de un solo día, que pudo haber servido para mejorar la imagen nacional y fortalecer las posiciones de Colombia ante los asistentes.
¿Por qué perder semejantes oportunidades de mostrar los esfuerzos nacionales? Habría que preguntárselo a los responsables de la diplomacia colombiana.
Hacia adelante
Ahora el turno le toca a México, donde se llevará a cabo la siguiente cumbre (COP16) a final de este año. Pero para llegar ahí mejor preparados que a Copenhague los negociadores harán varias reuniones previas. La primera se llevó a cabo el 24 de enero, en Nueva Deli, entre los países claves (Basic countries): Brasil, China, India y Sudáfrica, con el fin de definir una estrategia conjunta para las próximas negociaciones.
“El reto que enfrentan es demostrar que pueden obtener un progreso sustancial internacional para combatir el cambio climático”, manifestó al respecto Greenpeace. Estas cuatro naciones reúnen al 41 por ciento de la población mundial y el 30 por ciento de las emisiones globales de gases de efecto invernadero.
Enre junio y julio está planeada otra reunión preparatoria para la COP16.

